miércoles, 2 de septiembre de 2009

Hubo vientos en mi vida, si.

Vientos me azotaron de todas las direcciones.
Enormes cantidades de mi sangre
se vertió por las noches de amor desamorado,
solo por placer,
allí donde pasa un destino bajo el puente.
Es una lucha, si,
tal como lo dices,
cuando ríes con los ojos.
A esa sonrisa yo, la he conocido,
antes de conocer tu cuerpo y tu sentencia.

En aquel tiempo,
fue el tiempo formal de un momento en que el asombro,
me tomó de sorpresa y de todo corazón,
y me llevó por la huella de todas las estrellas,
a recorrer el universo vestido de etiqueta.
Tiempo del todo florecer, desconcertante,
como la juventud, vital.

Luego se me indujo a comprenderlo todo,
o casi todo,
en eso que le llaman madurez.
Donde todo fue gradual y muy pautado.
Entonces presumí, del canto entre saberes,
¡Es frágil la experiencia de la vida!
Porque allí es donde nacen soberbios atributos,
el desprecio a todo lo que sea la tierna juventud.
Vale decir que toda mi poesía,
fue una rara concepción del tiempo, por etapas.
Primero fue el asombro, por necesidad.
Luego fue desprecio, por adaptación.
Y ahora es escarmiento delicado,
como un escanciar del mosto de los vinos,
de la felicidad.




© 2009 by Eduardo Dante Dall´Ara

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