domingo, 3 de enero de 2010

Elogio de la muchedumbre

Para aquella niña que me amara en la mañana ajetreada de julio del 72





Puedo pensar en ti
Puedo decir de ti
Puedo nombrarte
Puedo invocarte
Puedo olvidarte
Pero tu presencia en mi es un artilugio del recuerdo
Diré que eras una mujer que hoy trataría de ser solo una cuando en realidad fuiste muchas/ todas
Fuiste ocaso, plenilunio, luz y toda sombra del anochecer y el alba
Resolana
Aire de camelias/ constelación/ en este cielo azul
de Cruz del sur
Y el mismo sol se pone en vos y en mí para otro día
Otro delirio
Que te hace crecer en toda cosa que intente construir con vos
O destruir de vos
Fuiste como un reloj con odio que marcó el retorno de todos los fantasmas
Carroñera imagen del asombro en mí
Ese mismo asombro que saltó desde la piel/ ramillete de dulzura
Que se escapó de un ámbito tan dulce como las preguntas
Incontestadas siempre
Alabadas por todos los que nos vieron y dijeron
“estos dos han sido condenados para amarse”
¡qué ilusión!
¡qué vanidad!
¡qué nada!

Y “El proceso” ése tan temido
te dejó sin mí
Me dejó si ti
Y desde aquel vacío que ocupaste en los camiones
Hay todavía manos que se extienden/ que pretenden
quedarse juntas para siempre

Se finí

No puedo aún soñarte
No recuerdo ni tu rostro ni tus ojos ni tus manos
Y hoy solo tengo que velarte una vez más
en mi recuerdo




© 2010 by Eduardo Dante Dall´Ara

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